En 1861 don Benito Pablo Juárez García resultó electo Presidente para el período de 1861 a 1865 después de la Guerra de Tres Años entre liberales y conservadores, que terminó con la derrota de los generales Márquez y Zuloaga en Pachuca y Real del Monte. Con motivo de ésta lucha, el país se hallaba en un estado de desastre y ruina completo.
El gobierno de don Benito Juárez se encontraba sin recursos para atender a los más ingentes problemas nacionales, pues las aduanas estaban intervenidas por gobiernos extranjeros que se apropiaban de sus ingresos para abonarse a las deudas contraídas por los gobiernos mexicanos anteriores. Por tal motivo, en julio de 1861 se vio obligado a emitir un decreto mediante el cual se suspendía el pago de todos sus acreedores por dos años incluyendo a los gobiernos
Don Benito Pablo Juárez García
extranjeros. El decreto ocasionó irritadas protestas de los gobiernos europeos y promovió la intervención de tres potencias que tenían créditos con México: España, Francia e Inglaterra quienes reunidas firmaron el Tratado de Londres, para intervenir en México. Para diciembre de 1861, llegó a Veracruz la flota española y para enero de 1862 llegaron las armadas de Francia e Inglaterra. Los representantes de las tres potencias enviaron un ultimátum al gobierno de Juárez donde exigían el pago de los adeudos y la satisfacción de los agravios hechos a sus representantes diplomáticos.
Después de los Tratados de La Soledad, los representantes de España e Inglaterra optaron por retirarse con sus flotas, dejando a los franceses cuyas intenciones no eran solamente el cobro de la deuda, sino el establecimiento de una monarquía de acuerdo con los conservadores mexicanos, que ya habían invitado al archiduque Fernando Maximiliano de Austria a ocupar el trono mexicano.
Sin mediar declaración de guerra y sin respetar los acuerdos de La Soledad que obligaban a las fuerzas extranjeras a retirarse a la costa, los franceses iniciaron su marcha sobre México y en las cumbres de Acultzingo, Veracruz, tuvieron el primer encuentro con las tropas mexicanas comandadas por el general Ignacio Zaragoza quien opta por retirarse y fortalecerse en Puebla.
Allí espera Zaragoza al general Laurencéz a quien derrota el 5 de mayo de 1862 apoyado por su generales Díaz, Negrete, Berriozábal y Lamadrid.
Napoleón aumenta el ejército invasor y envía al mariscal Forey quien sitia a Puebla el 16 de marzo de 1863 venciendo la plaza después de 62 días de agobio. Aquí se inicia el peregrinar de don Benito Juárez. Ante el temor de que la Ciudad de México sea tomada por los invasores en breve tiempo, Juárez investido de todos los poderes marcha a San Luis Potosí, luego va a Saltillo y a Monterrey. De noviembre a diciembre de 1863 los franceses toman Querétaro, Morelia, Guanajuato y San Luís Potosí.
Gral. Ignacio Zaragoza Seguín
El 12 de junio de 1864 la pareja imperial de Maximiliano y Carlota llega a la Ciudad de México donde es recibida con gran pompa por las familias mexicanas de rancio nombre y vieja prosapia. El ejército invasor ya cuenta con 63 mil soldados entre franceses, austriacos, zuavos y mexicanos. En la provincia mexicana, la mayoría de los gobernadores apoyan la lucha republicana y algunos como Santiago Vidaurri, de Nuevo León reconocen el Imperio. Para 1866 Juárez se encuentra ya en Paso del Norte, en la frontera con los Estados Unidos.
Mientras esto sucede en México, en Europa Napoleón III, tiene problemas con Prusia donde el canciller Bismark se fortalecía amenazando la supremacía de Francia y el gobierno de Estados Unidos, donde ya había terminado la guerra de secesión, le reclamaba su intervención.
Napoleón retira sus tropas.
Ante las presiones en Europa y los enormes gastos que ocasiona el sostenimiento del ejército en México, Napoleón ordena al mariscal Bazaine la retirada paulatina de sus tropas produciéndose gran desazón en Maximiliano y Carlota quien viaja a Europa a tratar de convencer a Napoleón de que no retire su ejército.
Fernando Maximiliano de Habsburgo
Mientras tanto, en todo el territorio mexicano los diferentes jefes y generales del ejército republicano con sus propios recursos defienden palmo a palmo la nación, de tal suerte, que los franceses sólo son dueños del suelo en que pisan. Y en esta región norestense del país ocurre un hecho de armas que nosotros consideramos de vital importancia para la victoria final, pero que por razones que desconocemos, poco se menciona en los libros de historia nacional.

Me voy a permitir, con el permiso del historiador y cronista de Camargo, Tamaulipas, don Ernesto Garza Sáenz, transcribir lo que él cuenta sobre la Batalla de Santa Gertrudis en su libro Segundas crónicas de Camargo.
“Estamos acostumbrados a escuchar en la conmemoración de esta batalla el lacónico parte del general Escobedo rendido al Ministro de la Guerra, pero en esta ocasión amplío un pasaje vivido y narrado por personajes que tomaron activa participación en él, o que supieron conservar la veracidad de un hecho heroico que coloca a don Servando Canales en el lugar que le corresponde en la jornada de Santa Gertrudis.”
Gral. Mariano Escobedo
“Nuestra historia reconoce el 16 de junio de 1866, como la batalla de Santa Gertrudis, pero los camarguenses siempre la denominaron la guerra del Ebanito y los de Nuevo León la llamaban la guerra del Convoy. Lo cierto es que el triunfo de Santa Gertrudis, fue la base para el derrocamiento de los imperialistas.”
“El Comandante Macedonio Rodríguez, otro hijo de Camargo, juega un papel importante y clave en los acontecimientos de Santa Gertrudis, pues de su propio peculio organizó y equipó el Escuadrón Camargo, que enarbolaba con dignidad su bandera y militaba bajo las órdenes de Canales. Fue el coronel Dionisio Rodríguez hijo de don Macedonio, quien se encargara de narrar entre sus familiares lo acontecido en vísperas de este combate, cuyo contenido trataré de transcribirlo con la fidelidad del caso.”
“Decía el coronel Rodríguez que su padre le platicaba, que la junta de Guerra de los Republicanos comandada por el general Escobedo, tuvo lugar en un punto conocido como La Mesa del Ebanito, distante 6 kilómetros al sureste de esta ciudad de identificación porque allí se erigió el monumento conmemorativo. Agregó que en vísperas de la batalla, precisamente el 15 de junio en la noche cuando estaban reunidos discutiendo los planes, ya fuera de ataque o de retirada, se escucharon cerca de allí unos disparos de fusilería que fueron los que hicieron decidir el plan propuesto por Canales.”
“Proseguía con su relato el Coronel, más emocionado al recordar este hecho, decía que cuando el general Canales escuchó los disparos se levantó y gritando se dirigió a los presentes: “ESOS DISPAROS QUE ESCUCHARON, SON DE LA GENTE DE MI COMANDANTE MACEDONIO RODRÍGUEZ!. ¡VIVA TAMAULIPAS QUE ES TIERRA DE HOMBRES Y NO COYONES COMO LOS DE NUEVO LEÓN!”.
Tras un breve silencio de aquella reunión, se incorporó el general Treviño ya con la pistola en la mano y dirigiéndose a Canales le dice: “¡Arránquese Canales, que en Nuevo León también hay hombres!” La respuesta de Canales fue más calmada “Guarda tu pistola Jerónimo, yo dije eso por este orejón hijo de un tal que no se resuelve a atacar al enemigo”. El orejón no era otro que el general Escobedo.”
“Después de la discusión de Canales y Treviño, intervino el general Escobedo y dirigiéndose a Canales le dice: “MIRE CANALES, VAMOS A HACER EL ATAQUE A LOS IMPERIALISTAS COMO LO HA ESTADO PROPONIENDO, PERO USTED VA A RESPONDER DEL TRIUNFO DE NUESTRAS FUERZAS”. Y Canales haciendo un ademán con su mano derecha y señalándose su propio cuello, le dice a Escobedo: “con esto le garantizo la
Gral. Gerónimo Treviño
derrota del enemigo”
El general Mariano Escobedo sabía lo que decía. Ya tenía informes importantes, pues había interceptado correspondencia girada entre los generales imperialistas Feliciano Olvera, que saldría de Matamoros con un convoy de 200 carros conteniendo abastos, parque y armamento y el general francés De Tucé acantonado en Monterrey. El plan imperialista era que saliera Feliciano Olvera de Matamoros siguiendo el curso del río Bravo con sus carros que eran custodiado por 2 mil hombres entre los que contaban austriacos, franceses y mexicanos y serían encontrados en algún punto de la frontera por una fuerza de franceses y belgas comandados por el general De Tucé que saldría de Monterrey. Escobedo envió una fuerza que detuviera a De Tucé temporalmente en Cerralvo donde se encontraban los
Servando Canales Molano franceses y él se dirigió a matacaballo al rancho Los Derramaderos para de allí dirigirse a Camargo. De acuerdo con la estrategia calculada por anticipado por Escobedo y sus colaboradores, el 15 de junio en la noche, resolvieron esperarlos en la loma de Santa Gertrudis. Serían las cuatro de la tarde del 16, cuando apareció a lo lejos el convoy de los imperialistas. Según lo acordado en la junta de la noche anterior, toda la fuerza republicana se mantendría oculta y en silencio entre los matorrales del semidesierto, para a una señal dada, atacar por sorpresa al enemigo. Sin embargo, una columna de caballería desobedeciendo las órdenes atacó al enemigo rompiéndose la ventaja de la sorpresa. El resto de la tropa comandada por Escobedo no tuvo más que salir de sus escondites y batir al enemigo. Aún cuando falló el ataque de acuerdo con los planes establecidos previamente, se entabló una fiera lucha en la que los soldados de la república tras una hora de refriega, destrozaron a sus enemigos causándoles 368 muertos y 1,001 prisioneros.
El triunfo de los republicanos en la batalla de Santa Gertrudis no ha sido debidamente apreciado y valorado en la Historia Patria. Sin embargo, los tamaulipecos estamos conscientes de haber contribuido en forma muy importante al triunfo de la bandera de la República que enarbolaba don Benito Pablo Juárez García. Fin. (Arnoldo Gárate Chapa es socio del Club de Veteranos de Reynosa y de la Sociedad de Historia de Reynosa).
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